lunes, 22 de febrero de 2016

El laberinto.

Otra vez el maldito frío se ha colado por mis costillas y ha dejado congelado cualquier resquicio de calor. Otra vez esta puta sensación de vacío, como mi cuarto cuando no estás, como mi corazón cuando te ve marchar. Llegaste sin avisar, sin llamar a la puerta, como un huracán. Mojaste cada centímetro de mi piel como una tormenta de verano, y me estremeciste al primer roce de tus dedos por mi piel. Me he aprendido de memoria el lugar exacto del lunar de tu nariz y reconocería tus besos en cualquier rincón del planeta. Aún no entiendo qué me has hecho, qué muralla has roto para haberme hecho tan vulnerable a tus caricias, pero se siente bien. Lo has hecho fácil desde el minuto cero, y has conseguido que me pierda en el laberinto de tus miradas. Y sin embargo, no necesito ningún ovillo mágico para encontrarte siempre al final del camino.
Gracias, gracias por haber aparecido, por quedarte a tu manera y hacer nuestro cada pequeño instante.
Gracias por cambiar las reglas del juego y no soltarme nunca.
Pero sobre todo gracias por ser tú y recomponerme con los abrazos que sólo tú sabes darme.

lunes, 1 de febrero de 2016

De tus idas y venidas.

Sálvame o déjame caer, pero no me dejes colgando de tu mano.
No me prometas la luna si mañana me vas a quitar el cielo.
Por favor, no me pidas que grite tu nombre si en un instante me vas a quitar el aliento.
Dime adiós si de verdad lo sientes, pero no me digas hasta luego si vas a huir de mí.

domingo, 31 de enero de 2016

Tan sólo un sueño.

Cae la noche y con ella mis párpados.

Te has colado por la ventana que dejé abierta a mis sueños y has aparecido reclamando lo que creías tuyo a fuerza de besos y abrazos que me atan a ti cada día más.
Reclamaste la atención como un niño tirando de mi falda y arrancándome la felicidad a carcajadas.
Me desnudaste con la mirada y me vestiste con tu saliva centrándote en cada vértice, sin dejar ni un sólo centímetro de mi piel desnuda.
Te perdiste entre mis curvas mientras yo me hundía en el agujero negro de tu pupila. Clavaste tus dientes en mi cuello, ahogando así mi grito desesperado por clamar tu nombre.

Amanece, y el primer rayo de sol apunta directo a mis ojos, mientras tú te vas desvaneciendo y dejando tras de ti una estela de calor...y la miel en mis labios.

Amanece y mis ojos se van desperezando mientras mis manos aún dormidas te buscan entre las sábanas, hasta que comprenden -hasta que comprendo- que todo ha sido un sueño y tú sigues estando lejos.

domingo, 3 de enero de 2016

Ilusión

He perdido la cuenta de las veces que me he perdido, de las veces que he cerrado mi corazón y he jurado no volver a abrirlo. He perdido la cuenta de las veces que me he mentido al prometerme que no volverían a hacerme daño, que no volvería a dejar que nadie robase parcelas de mi corazón. Una vez más hice un juramento que no podía cumplir, y hoy tengo síndrome de Estocolmo con mi captor. Es cierto que ha dejado parte de mí conmigo, que no me ha robado del todo el corazón; pero también es cierto que ha conseguido devolverme lo que pensaba que no volvería a encontrar: ilusión. Ilusión por verle aparecer en la estación con su abrigo elegante y su sonrisa embelesada. Ilusión por encontrar refugio en sus brazos y hacer de sus abrazos mi hoguera. Ilusión por lo inesperado, por no saber qué pasará mañana y que no nos importe. Ilusión por poder recorrer cada centímetro de su piel y aprenderme de memoria cada uno de los cientos de lunares que hacen de su espalda un firmamento. Ilusión por saber que le voy a encontrar todos los días escondido en un "que descanses preciosa", detrás de la pantalla del móvil. Por los silencios más cómodos que nadie me ha regalado y en los que abrazo cada una de sus miradas como si fueran a ser la última. Gracias.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Bajad, nos dirán.

Ya te echo de menos y no te has ido. Aún permanece tu calor en mi cama y ya estoy muerta de frío pensando en que esta noche no estarás para salvarme una vez más de mis monstruos; las sábanas aún conservan tu forma y no puedo dejar de pensar que no estarás para abrazarme y decirme que todo irá bien. Me había acostumbrado a tu ausencia y de repente vuelves a aparecer para desordenarme en tantos sentidos que he vuelto a perder la cuenta.
Había olvidado lo que era amanecer bajo tu atenta mirada, lo que era perderme en esos ojos que con tanto cariño me observan. Había olvidado cómo mi piel te reconocía poniéndose de gallina al mínimo roce con tus dedos y cómo nuestras manos sabían la forma exacta para encajar a la perfección.
Siempre es verano a tu lado, y hoy el invierno se hace eterno sin tu voz.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Del todo a la nada.

Dibujé carreteras en tu espalda con mis uñas
mientras tú me hacías tuya con cada caricia,
con cada beso en cada rincón escondido de mi cuerpo.
Me quedé dormida al calor de tus abrazos,
y desperté con la luz de tus ojos que me observaban soñar contigo.
Me aprendí de memoria cada uno de tus gestos,
el lugar exacto de aquel lunar en tu cara
y la sonrisa que dibujabas cada vez que hablabas de tus pasiones: la música y la pintura.
Fuiste un mundo, mi mundo.
Y digo fuiste porque entonces caminaste entre mis escombros,
y hoy ya no quedan ni las cenizas.
Soplaste cada gramo de ti que quedaba en mí
con el balazo directo a mi corazón cuando desapareciste
y pasaste a ser nada más que una foto colgada en la pared.
Pudiste ser todo y te has quedado en nada;
te pude dar tanto y no quisiste ni las migajas.

Ahora tú me has olvidado, no recuerdas casi ni mi nombre.
Ahora yo no recuerdo quién eres, ni cómo de alto me hiciste volar.

Maldita la casualidad.

Te busqué tantas noches sin saberlo que encontrarte aquel día detrás de cada casualidad fue lo más irreal que me había pasado en mucho tiempo. Las casualidades y yo no nos llevamos demasiado bien, y aunque yo la amo, siempre pone distancia de por medio entre mi corazón y mi pecho, y hace que la odie como a pocas cosas en la vida. 
Cada día le pregunto por qué te tuvo que poner en medio, por qué permitió que me dejase llevar de esta manera hasta destruirme mis finales y dejase abierta la puerta que otros cerraron de un portazo. Maldita ella entre todos devenires del cosmos. 
Maldito tú entre todos los tequilas de aquella ciudad.
Maldito este corazón que sin quererlo te echa de menos.