domingo, 20 de agosto de 2017

(Un)Steady.

Me iré, desapareceré sin haberte dicho que habías rescatado mi alma en vida.
Marcharé de este mundo y me habré llevado conmigo el secreto a la tumba.

"Podrías cambiar eso, hoy que sigues en pie" y sin embargo prefiero dejárselo al azar,
al olvido. A ese que secuestrará tus recuerdos y hará que dejen de ahogarme las palabras que luchan por salir cuando me sumerjo en tus ojos. Ese que hará que dejen de atarme las cuerdas vocales el miedo a perderte y al rechazo.

Perdí la cuenta de las veces que te he negado y de las que aún me quedan por hacerlo, de los escalofríos que me provocas y de los besos que te robaría. He perdido las coordenadas del lugar exacto de la constelación de lunares que guarda tu cuello y con ellas, mi norte.

miércoles, 16 de agosto de 2017

Absence.

Hoy tu ausencia vuelve a pesar como un yunque sobre mi pecho, vuelvo a recordar en bucle los días en que lo primero que veía al despertar eran tus ojos cansados y dispuestos a afrontar un día más con toda la energía posible. Esos ojos que han hecho que me pierda, esos que he aprendido de memoria y de los que he aprehendido toda su esencia. Esos que me he tatuado en la retina, para no olvidar jamás tu calma.
Jamás pensé que tus brazos pudieran llegar a ser refugio, que tu voz pudiese llegar a ser mi melodía favorita, que le dieses un nuevo significado a esas canciones que nunca lo tuvieron y que mis lágrimas tuvieran tu falta como causa. Aún no entiendo cómo has conseguido hacerte un hueco tan grande sin prácticamente conocerte, sin haber probado siquiera el sabor de tus labios.

jueves, 6 de julio de 2017

Resurrección.

Aún noto tus brazos a mi alrededor, tu respiración sobre mi cabeza y el suave tacto de tus labios sobre mi frente. Aún recuerdo la primera vez que te vi levantar la vista del suelo y mirarme desconcertado. Recuerdo verte despertar y desear haberlo hecho a tu lado.

Te he tenido enfrente tan sólo unos segundos y me han bastado para descolocarme. He escuchado tu voz más veces que mi canción favorita y he encontrado más calma en tus ojos que el más transparente mar. Apenas te conozco y ya te he dedicado más palabras de las que en años le dedicaré a otras personas. Y es que llegaste cuando creí que mi corazón se había tornado piedra para demostrarme lo contrario. Que no, que no estaba inerte, que aún era capaz de sentir, de ilusionarme y ver cómo mi piel se erizaba sólo con el sonido de tu voz, con el más mínimo roce de tus manos.

Pero esto, jamás lo leerás. Jamás sabrás que es de ti de quien hablo cuando escribo sobre el mar. Jamás entenderás como mi pulso revienta cuando te veo bajar del autobús que horas más tarde te apartará de mi lado y que he encontrado un refugio en ti. Que no sabes las putas ganas que tengo de dibujar las constelaciones que forman tus lunares, con los dientes.

lunes, 19 de junio de 2017

Quiero.

Te quiero aquí, incondicionalmente.
Sin necesidad de hablar, pero aquí.

Quiero que me abraces sin motivos y sin prisas. Que no haya despedidas.
Quiero tu mar inundando mis ojos cuando ya no estés, tu acidez y tu dulzura mezcladas en la misma frase.

Quiero tu inocencia rebelde, tu falta de experiencia adoctrinada.
Quiero tus bostezos al despertar, tus ganas de todo y de nada.
De quedarnos hablando de nuestra infinita estupidez, de lo lejos que te tengo aún estando a centímetros.

Que no veo la hora de volverte a ver. Que me sobran motivos para correr a tus brazos, y aún así me reprimo las ganas de contarte que estas letras llevan tu nombre escondido en ellas.

Tu dualidad

Eres remedio y enfermedad.
Caída y remontada, paz y caos.
Eres amor y odio, ganas de comerte a besos y matarte a veces.
Causa y efecto de mi locura y cordura.
Eres mar bravo y en calma.

Se me quedan cortas las palabras para describir tu dualidad, la misma que me ha hecho precipitarme de cabeza y sin remedio contra un suelo del que he esperado infinitas veces que me ayudes a levantarme.

Que la cabeza me pide que eche el freno, que los añicos que cause esta vez no habrá quien los recoja, quien los recomponga. Me ruega que no te ceda ni un resquicio de mi mente, que no divague ni fantasee. Pero el dichoso corazón, sin cabos, sin riendas, se lanza sin miedo a tus brazos esperando un beso de vuelta que le dé sentido a todo lo que nunca lo ha tenido.

Poeta de bragueta

Ojalá vieses lo alto que puedo volar
cada vez que tu nombre aparece por casualidad.
Ojalá te dieses cuenta de cómo me sumerjo en tu mar,
cada vez que me miras con esos ojos en los que me ahogaría sin dudar.

Ojalá supieses que haría de tu voz mi banda sonora
y de tu cuerpo un desierto en el que perderme.
Ojalá escuchases romperse mi voz traidora
cada vez que hasta en sueños intento llamarte.

Ojalá no te acabases nunca
y pudiese tenerte siempre enfrente.
Ojalá pudiese apartar siempre tu bruma
y vivir en tu abrazo eternamente.

Que sí, ojalá existieses o más bien, ojalá leyeses esto algún día. Que no, nunca se me dio bien la poesía y por un momento me he creído poeta de bragueta para recitarte antes de dormir. Pero es imaginarte otra vez aquí, a centímetros de mí, ignorante de las tormentas de mi cabeza...y no puedo evitar la intensidad.

martes, 7 de febrero de 2017

Drown.

Vuelve para romperme, para recordarme que sigo teniendo corazón, que no soy sólo coraza y espinas.
Vuelve y dime que no fue un sueño, pellízcame hasta sangrar o al menos hasta que te crea.

Eres mar bravo y ancla que me ata a la locura. Has sido y eres luz cuando me creí sumida en sombras y aún te extrañas que no crea que existas siquiera.

¿Sabes lo mejor? Que vives ajeno a mis letras y nunca sabrás que estas notas en una botella estaban destinadas a acabar en tu mar, perdidas, como mi razón, como las noches eternas que no compartirás.