martes, 19 de junio de 2012

Fácil.


Era sencillo. Tan sencillo como que al mirar sus ojos viese si felicidad reflejada en ellos. Tan sencillo como ver cómo ese lunar tan característico suyo se estira hasta convertirse casi en una línea por la sonrisa que se dibuja en su cara. Tan sencillo como sentir esos labios que tanto le gustan posándose en los suyos, mientras compiten entre ellos con el hambre voraz de ellos que les provoca el deseo. Era y es tan sencillo hacerla feliz con detalles tan pequeños como estos… Pequeños gestos, simples palabras, miradas fugaces… cosas que algunos considerarían tonterías, pero detalles que hacen que ella se levante cada mañana con la  misma imagen en la cabeza: él.
Se le eriza el vello cada vez que piensa en las veces que él le abraza y hace que sienta que no hay nadie a su alrededor, cada vez que recuerda el roce de su piel, cada vez que se imagina contando de nuevo los lunares de su espalda, perdiéndose entre sus brazos… Se estaría horas viendo cómo duerme, mirándole sin decir nada, disfrutando de cada pedacito de él; pero tiene miedo de que sea un sueño y que cuando despierte, él ya no esté a su lado, pero en el fondo sabe, que es una noche eterna.
"Te has convertido en mi nación, y yo eclipsado soy un faro a pleno sol".

sábado, 2 de junio de 2012

Y ahora si seremos animales en peligro de extinción...


Son animales en peligro de extinción. Dos pájaros que solo vuelan alto si cuentan con las alas del otro, sino, cada uno por su lado, saben que no llegarían tan lejos. Saben que hay miles de cazadores codiciándoles como presas, pero lo que no saben es que solo conseguirán atraparlos por separado, porque cuando están juntos, es casi imposible. A la vez que vinculados, saben que son libres. Nunca condicionan el vuelo del otro, y es que saben que es más fácil así, que la felicidad les inunda siguiendo estos pasos. “Felicidad, ¡qué bonito nombre tienes!”.
Ahora él vuela lejos, pero ella le espera impaciente para retomar el vuelo, para beberse sus labios y perderse en su luna y en esos ojos que tanta paz le inspiran. Mientras ella espera su cabeza explota de recuerdos, sonriendo sin apenas darse cuenta, analizando cada uno de sus gestos hasta hacerlos casi suyos. Piensa tanto en él que llega a doler, porque empiezan a quemarle por dentro miedos absurdos, irracionales, pero que ella tiene ahí. Miedo de perderle, de no oír más un “te quiero”, de no volver a ver a ese alocado pájaro del que, a su pesar, se ha hecho tan dependiente. Pero se distrae intentando escribir y dibujar hasta en los márgenes de cada hoja de papel que tiene a mano, contando los minutos que quedan para volver a ver a su sonrisa preferida. Quisiera decirle tantas cosas, pero probablemente él ya las sepa y las adivine solo con su mirada. Él lo sabe, sabe que ella le espera impaciente, pero aún no puede volver, y es que son épocas un tanto turbias, pero que pasarán y después podrán seguir volando.
"...buscarán mi espíritu salvaje si les queda valor."